Santa Faustina Kowalska nació el 25 de agosto de 1905 en Glogowiec, Polonia. A los 20 años ingresó en la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia en Varsovia, donde experimentaron hasta su muerte en 1938. Durante su vida religiosa, Santa Faustina experimentó visiones y revelaciones de Jesús de la Divina Misericordia.

La primera visión ocurrió en 1931, mientras Santa Faustina estaba orando en la capilla. Vio a Jesús con una túnica blanca y dos rayos de luz que salían de su corazón. Jesús le explicó que los rayos representan el agua y la sangre que brotaron de su corazón durante su crucifixión, y que estos simbolizan la misericordia y el perdón de Dios. Jesús le pidió a Santa Faustina que pintara una imagen de él tal como ella lo había visto en la visión, y que incluyera los rayos de luz.

Además de la imagen, Jesús le dio a Santa Faustina un mensaje de misericordia para toda la humanidad. Le pidió que difundiera la devoción a la Divina Misericordia y que estableciera una fiesta en su honor el primer domingo después de la Pascua. Jesús también le dio a Sor Faustina una oración especial, conocida como la Coronilla de la Divina Misericordia, que consiste en una serie de oraciones del Rosario y una oración final.

El mensaje de Jesús a Santa Faustina enfatiza la misericordia y el perdón de Dios, y la importancia de confiar en su amor y en su misericordia. Jesús le dijo a Santa Faustina que desea que todos los pecadores se acerquen a él para recibir su misericordia, incluso los más alejados y los más desesperados. Él prometió que aquellos que confían en su misericordia no serán juzgados severamente, sino que serán perdonados y amados.

La devoción a la Divina Misericordia se ha extendido por todo el mundo, y la imagen de Jesús de la Divina Misericordia se encuentra en muchas iglesias y hogares católicos. La Coronilla de la Divina Misericordia se reza a menudo, especialmente durante la Semana Santa y en la Fiesta de la Divina Misericordia. Santa Faustina fue canonizada por el Papa Juan Pablo II en el año 2000, convirtiéndose en la primera santa canonizada del nuevo milenio